lunes, 26 de septiembre de 2011

La crisis de valores en la sociedad moderna

Actualmente vivimos en un mundo que cambia a un ritmo vertiginoso donde el ser humano promotor de todas esas variaciones no queda impasible ante sus consecuencias.

Muchas de las transformaciones sociales y económicas acaecidas en las últimas décadas han derivado en un cambio radical de valores en la población mundial. Este cambio se ha dado de forma más acusada en el primer mundo donde el acceso a la información es tan fácil como pulsar el botón del televisor. La información que nos muestran los medios de comunicación, en ocasiones aparece sesgada o manipulada dando lugar a transcripciones inadecuadas de la realidad. Como consecuencia, si el mensaje no es contrastado, el receptor puede crear una asociación de ideas o creencias equivocadas.

Es sabido por todos que nuestros jóvenes no tienen los mismos valores que sus padres o abuelos, los motivos de ello son de diferente índole, no pasan únicamente por el bombardeo de información obra de los medios de comunicación modernos, sino que entraña motivos educativos, socio-culturales, históricos, etc. Para ahondar más en el tema y desvelar porqué se producen los cambios en la escala axiológica de una persona, es necesario preguntarse que es un valor y qué características debe guardar para considerarse como tal.

¿Qué son los valores?
Los valores han estado presentes desde el origen de la humanidad. Para el hombre siempre han existido aspectos a considerar valiosos como la felicidad, la verdad, el bien, la belleza... Sin embargo, el criterio para otorgarles la cualidad de valor varía en función del contexto socio cultural en que esté inmersa la sociedad. Desde un punto de vista socio-educativo, los valores son considerados referentes que orientan el comportamiento humano hacia la transformación social y la realización de la persona. Son guías que encauzan la conducta para el desarrollo de la vida de cada individuo y cada grupo social. El valor, por tanto, es la convicción razonada y firme de que algo es bueno o malo y de que nos conviene más o menos. Así mismo, reflejan la personalidad de los individuos y son la expresión del tono moral, cultural, afectivo y social marcado por la familia, la escuela, las instituciones y la sociedad en que nos ha tocado vivir.

¿Que características debe tener un valor?
Se reconoce un valor por guardar la siguiente relación de características: 
Satisfacción: los valores generan satisfacción en las personas que los practican.
Flexibilidad: cambian con las necesidades y experiencias de las personas.
Durabilidad: hay valores que son más permanentes en el tiempo que otros.
Dinamismo: los valores se transforman con las épocas.
Jerarquía: hay valores que son considerados superiores como la dignidad o la libertad y otros como inferiores que son los relacionados con las necesidades básicas o vitales.
La Integralidad: cada valor es una abstracción íntegra en sí mismo, no es divisible.
Polaridad: todo valor se presenta en sentido positivo y negativo; todo valor conlleva un contravalor.
Trascendencia: los valores trascienden el plano concreto; dan sentido y significado a la vida humana y a la sociedad.
Aplicabilidad: se aplican en las diversas situaciones de la vida, entrañan acciones prácticas que reflejan los principios valorativos de la persona.
Complejidad: los valores obedecen a causas diversas, requieren complicados juicios y decisiones.


Una vez esclarecido el significado del valor, debemos preguntarnos si todos los valores son adecuados.

¿Cuándo un valor es adecuado?
Si bien es sabido que en otras épocas primaban los valores excesivamente conservadores, actualmente se ha llegado a un punto donde predomina el liberalismo más radical, lo que nos lleva a preguntarnos si es posible que los valores estén en un momento de crisis y el mundo esté involucionando hacia la época en la que todo se vale.

El dinero se ha convertido en el principal motor del mundo, provocando un cambio de valores hacia un plano lucrativo y materialista, donde se han visto desmoronados importantes valores como la honestidad o el respeto.
La honestidad es una manera de vivir con congruencia entre lo que se piensa y la conducta que se muestra al prójimo, que junto a la justicia, exige en otorgar a cada quien lo que se merezca. Hablar de respeto es hablar de los demás. Es establecer hasta donde llegan mis posibilidades de hacer o no hacer, y dónde comienzan las posibilidades de los demás. El respeto es la base de toda convivencia en sociedad.

Pensemos entonces si lo que acostumbramos a ver ahora en nuestra sociedad se rige por valores deseables y aceptados por todos o está comenzando a imponerse una incipiente crisis de valores donde el libertinaje, el ataque a la intimidad, la mentira y la falta de respeto están a la orden del día.

Debemos promover en todos los sectores de la sociedad y en especial entre nuestros jóvenes la instauración de valores buenos y deseables, construyéndolos desde la paz, el amor y el respeto a los demás. En este ámbito la familia y el círculo de iguales juegan un papel determinante, pero además, es primordial promover la educación en valores desde la escuela donde en ocasiones la mera difusión de conocimientos deja en un segundo plano la necesaria transmisión de valores. Por ello, es tarea de toda la sociedad promover un estilo de vida saludable, orientado a la búsqueda del bien para la humanidad y a la convivencia armoniosa en el planeta tierra.

 ¿Cómo reconducir una escala de valores personales?
Los valores son creencias aprendidas sobre estados a los que las personas dan importancia, ningún humano nace con valores, sino que se van formando a través de la educación recibida en una sociedad determinada. Por tanto los valores se descubren mediante la inteligencia y la capacidad de abstracción de los comportamientos sociales. Posteriormente se aplican a través de la voluntad libre de cada uno para decidir sobre sus actos. Así los valores van dando lugar a actitudes que pronto se convertirán en hábitos operativos. Si lo elegido es bueno y se perfecciona, entonces llega a ser una virtud, que es la disposición permanente a comprometerse como hombre, a hacerse más hombre. Lo verdaderamente complicado es que las creencias y los valores no se basan en un sistema de ideas estrictamente lógico y acorde con la realidad, sino que cada persona tiene una forma diferente de interpretar el mundo que le rodea.

Las creencias son en gran medida procesos inconscientes de pensamiento organizado. Puesto que son principalmente inconscientes, resultan difíciles de identificar.

A la hora de replantearnos nuestra escala de valores nos podemos encontrar con diferentes obstáculos. Uno de los más habituales es buscar la confirmación de nuestras ideas en los demás. Es decir, la identificación de tus creencias en la otra persona, a través de historias semejantes para justificar tus valores. Por ejemplo pensar que copiar en un examen está bien porque mucha gente lo hace. Este tipo de razonamiento es erróneo y no conduce a realizar una adecuada visión introspectiva del plano axiológico.
Lo ideal para la valoración de nuestras creencias es hacer uso del pensamiento reflexivo y someter a juicio nuestros valores. Algunas preguntas que podemos plantearnos son: “¿esas creencias son realmente mías o han sido transferidas?”, “¿tienen como sentido último el bienestar humano o atentan contra el respeto hacia los demás?”, poner en duda nuestras ideas y aplicar el razonamiento crítico nos ayudará a dar con las repuestas adecuadas.


Animo a todas las personas a reflexionar sobre el origen de sus valores y creencias para cambiar aquello que no sea bueno, útil o adecuado para el desarrollo de la auténtica calidad humana que solo tiene un origen; la bondad personal.

domingo, 31 de julio de 2011

El porqué de una vida basada en objetivos

El ser humano tiende a orientar su vida hacia la consecución de objetivos. Obtener unos estudios, conseguir un buen trabajo o crear una familia, son solo algunos de los muchos motivos que mueven al hombre. La consecución de esos objetivos reporta sentimientos de satisfacción. Es importante fijar objetivos realistas y ajustados a cada tipo de persona, ya que, en algunos casos, no conseguir el resultado esperado puede llevar a la frustración. Para ello conviene empezar con objetivos pequeños y familiares, que requieran poco esfuerzo para la persona e ir aumentando el nivel gradualmente. Por poner un ejemplo, nadie puede hacerse astronauta de inmediato, es algo que requiere mucho tiempo y preparación, empezar desde abajo e ir aprendiendo poco a poco todo lo necesario para conseguir el objetivo fijado, pero con esfuerzo todo se puede conseguir. Otros aspectos que cobran especial relevancia en todo este tema son la paciencia y la constancia. La mítica frase “la paciencia es la madre de todas las ciencias” de Isaac Newton corrobora la importancia de ser paciente y huir de la impetuosidad a la hora de llevar a cabo cualquier proyecto. Respecto a la constancia es bien sabido que el trabajo continuado reporta sus beneficios, como reza el dicho popular, “despacio y buena letra” o también podemos hacer mención a aquel que dice “sin prisa pero sin pausa”. La herencia cultural a través de los refranes y dichos populares nos muestra como desde nuestros antepasados ya se valoraba el esfuerzo y la dedicación para el cumplimiento de un proyecto de vida duradero y afianzado por encima de lo inmediato y caduco.

Hay personas que no se preocupan de establecer un proyecto de vida claramente definido. Desde mi punto de vida esto es un error ya que se asemeja a navegar sin rumbo fijo, sin saber cuando ni como orientar el esfuerzo, sin más que dejarse llevar por los sucesos acaecidos. Debemos ser dueños de nuestra vida, pero sobre todo, manejar adecuadamente nuestro presente para poder obtener el futuro que deseamos. 
Es por tanto importante que eduquemos a los más jóvenes para que vayan buscando su propio camino en la vida, y no tengamos una sociedad que navegue sin rumbo, si no para que sean una reproducción armoniosa de los pensamientos e ideales que cada uno persiga para realizar su proyecto de vida.



Definir los objetivos es la base del éxito. Sin objetivos, no hay nada que organizar ni planificar. Los objetivos son lo que se quiere alcanzar. El éxito es la materialización gradual de unos objetivos predeterminados y que merecen la pena para cada individuo concreto. Es importante fijarse unos objetivos que nos lleven de donde estamos ahora a donde queremos estar, y disfrutar tanto del viaje como del logro final.

La superación personal, unida con el esfuerzo y la perseverancia son valores que debemos inculcar a toda la sociedad en general. En este sentido el Aprendizaje a lo Largo de la Vida es una herramienta clave para la formación y el ascenso de la sociedad a una situación mejor. Con ello los individuos tienen la oportunidad de desarrollar sus capacidades durante todo su ciclo vital y no sólo en la etapa escolar como piensan erróneamente algunas personas. Siempre hay que seguir aprendiendo y buscando la superación, que no hay que confundir con la ambición. Ya que la superación es motivada por aspectos intrínsecos que reportarán un mejor autoconcepto así como  sentimiento de crecimiento personal. Por el contrario la ambición tiende a basarse en aspectos externos como el reconocimiento profesional o el enriquecimiento económico. La verdadera superación humana parte de dentro de la persona y se identifica con todos aquellos valores que consideramos positivos para nuestra vida y su proyección en distintas actividades que nos reportan crecimiento y aprendizaje.

jueves, 16 de junio de 2011

¿La suerte nace o se hace?

Hoy hablaré sobre la suerte a petición de uno de nuestros seguidores.
Mediante algunas reflexiones particulares espero evocar en el lector un sentimiento crítico y reflexivo ante este tema.

Si nos preguntamos sobre la naturaleza de la suerte lo primero en lo que pensamos es en un fenómeno con carácter aleatorio. Pero si ahondamos algo más podemos reconocer dos hipótesis diferentes: ¿la suerte va atada al tipo de pensamiento? ¿o por el contrario aparece de forma aleatoria?.

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española suerte se define como la circunstancia de ser, por mera casualidad, favorable o adverso a alguien o algo lo que ocurre o sucede. Esta definición recoge el carácter aleatorio como factor determinante en la suerte.

Al margen de la semántica muchos autores atribuyen a la suerte un factor subjetivo y condicionante del propio pensamiento. Es decir la predisposición de nuestra mente hacia lo positivo o lo negativo puede acarrear más o menos experiencias de similar naturaleza. Si pensamos que todo es una catástrofe seguramente de lo que suceda a nuestro alrededor captaremos en mayor medida lo negativo y pensaremos que es mala suerte, cuando lo que realmente ocurre es que no somos capaces de percibir el lado positivo de las cosas por el estado de tristeza o malestar.
Hay personas que se consideran muy desafortunadas y por ello viven en una constante depresión, incluso pueden llegar a manifestar una patología denominada “distimia” que se define como un trastorno afectivo de carácter depresivo crónico, caracterizado por la baja autoestima y aparición de un estado de ánimo melancólico, triste y apesadumbrado, pero que no cumple con todos los patrones diagnósticos de la depresión. Este tipo de personas suele tener una gran predisposición a la negatividad y distorsionan la realidad con el pensamiento haciendo que todo a su alrededor se tiña de gris. Los individuos con este tipo de trastorno en ocasiones se consideran personas con mala suerte, pero realmente, es su forma de pensar y de percibir la realidad lo que les produce esa sensación de mala suerte.

Hay que aprender a relativizar los sucesos de la vida y no magnificar los problemas. Dar la importancia justa a cada cosa. No caer en pensamientos totalitarios como: todo me pasa a mí, mi vida es una ruina, etc, y pensar que todo lo malo nos reporta experiencia y aprendizaje.

Diversos autores defienden la creencia en la suerte como una falsa idea, pero que puede derivar en pensamiento positivo y alterar las respuestas de uno a mejor. Otros, como Jean Paul Sartre y Sigmund Freud, afirman que la creencia en la suerte tiene más relación con la pérdida de control sobre los sucesos de la propia vida y la subsiguiente huida de responsabilidad personal. Según esta teoría, quien atribuye sus penalidades a la «mala suerte» llevan un estilo de vida arriesgado. Por otra parte, la gente que se considera «afortunada» aunque solo sea por tener buena salud, pueden estar en realidad cosechando los beneficios de una actitud positiva y unas relaciones sociales satisfactorias, lo que estadísticamente se sabe que protege contra las enfermedades relacionadas con el estrés. Con ello se inicia una cadena de positivismo que reporta grandes beneficios a la salud.

A todos nos ocurren sucesos «buenos» y «malos». Yo misma he podido experimentar una desafortunada cadena de sucesos negativos, pero en cuanto cambié mi actitud empecé a darme cuenta de que la suerte estaba de mi lado, o mejor dicho, de que todo tiene su lado positivo.

Desde mi punto de vista en la suerte influye mucho nuestra actitud frente a la vida, la perspectiva que tenemos de los problemas y como los afrontamos, pero nunca hay que olvidar el carácter aleatorio de los sucesos y pensar que a todos nos puede tocar vivir una buena o mala experiencia. Lo verdaderamente importante es como lo afrontemos y sacar el máximo partido a cualquier situación. Aquí debemos reconocer la importancia del pensamiento reflexivo y los beneficios que nos reporta una adecuada visión de la realidad.

jueves, 19 de mayo de 2011

Valoración personal de la obra “Excusas para no pensar”, de Eduardo Punset

Hoy quiero compartir algunas reflexiones que me ha suscitado la lectura de un libro, regalo de un gran amigo mio. Se titula “Excusas para no pensar”, de Eduardo Punset.

Eduardo Punset Casals (Barcelona, 1936) es abogado, economista y comunicador científico. Licenciado en Derecho por la Universidad de Madrid y máster en Ciencias Económicas por la Universidad de Londres. Dedica su tiempo a transmitir conocimientos y saberes sobre de el ser humano y el mundo cambiante en el que vive.  Su nuevo libro "Excusas para no pensar" es una colección de artículos sobre el cerebro, el aprendizaje, las emociones o el poder. Sigue la línea de su trilogía sobre la felicidad, el amor o el poder de la mente, que ha vendido ya setecientos mil ejemplares. Según el autor, cuando el lector haya concluido la lectura de este ejemplar, sabrá explorar las grandes incertidumbres que supuestamente le acosan.

A mi, particularmente, y en contraposición con su título, esta nueva obra de Punset me ha hecho pensar bastante.

A continuación expongo algunos temas que se tratan en el libro, y que, entre otros muchos, me han suscitado un especial interés. No pretendo hacer una sinopsis, tan sólo dar mi punto de vista sobre ciertos aspectos a mi parecer interesantes e incluso cuestionables

Punset menciona en alguna ocasión que “la felicidad es la ausencia de miedo”. Es probable que esta sea una definición  acertada pero, no creo que sea suficiente. 
Según mi punto de vista, la felicidad es un estado de ánimo que se produce en la persona cuando cree haber alcanzado una meta buena y deseada. Tal estado propicia paz interior y esa paz es lo que entendemos como felicidad, que es la consecuencia de sentir que tus objetivos se han cumplido, y en general, que tus necesidades están cubiertas.
¿Cuando es más feliz un bebe?-Cuando todas sus necesidades están cubiertas-. Cuando ha comido, ha dormido, le han aseado y entonces, sólo entonces, le miramos y nos regala esa sonrisa que irradia felicidad, esa mirada cómplice que nos dice ahora estoy como yo quería. Desde mi humilde opinión, considero que la felicidad del ser humano comienza con la satisfacción de las necesidades más básicas: alimentación, higiene, afecto, descanso, etc. Esto es suficiente cuando eres un bebé y solo con cubrir las necesidades más vitales para tu desarrollo puedes alcanzar la felicidad. Pero a medida que el ser humano crece cada vez las necesidades son mayores y necesitaremos un más esfuerzo para satisfacerlas. Conseguir un buen trabajo nos hace muy felices, pero para ello dedicaremos un gran esfuerzo: años de estudios, prácticas, dinero invertido, etc.
Hay una cita que describe muy bien la idea que quiero transmitiros. “No es más feliz quien más tiene, sino quien menos necesita”. Por ello es bien sabido que gente con mucha riqueza, amistades y bienes, en ocasiones es más infeliz que una persona que vive en un piso de 50 metros cuadrados, tiene 3 o 4 amigos y los bienes de consumo justos para una vida más o menos acomodada. Pero lo verdaderamente importante es que esta última persona siente que con eso tiene todo lo que necesita.
El día que te levantas de la cama y te dices a ti mismo tengo todo lo que deseaba y no quiero más, ese día, probablemente seas la persona más feliz del mundo aunque no vivas e una mansión, ni acudas a fiestas ostentosas.  
Así mismo, está claro que todos no tenemos el mismo concepto de felicidad, algunos pensarán que felicidad es tener mucho dinero, otros mucho amor, muchos vivir sin enfermedades. Pero como varias veces se ha dicho en este blog lo apropiado siempre es el equilibrio. Como dice una canción popular  “tres cosas hay en la vida: salud, dinero y amor, el que tenga estas tres cosas que le de gracias a Dios”. Por tanto,observamos que incluso en la cultura popular están instaurados los aspectos que hacen felices a los seres humanos. Ahora nuestra meta es no crearnos necesidades que no tenemos y agradecer a la vida todo lo que nos ha dado. Para ser cada día un poco más felices.

En otro momento del libro Punset  propone, entre otros temas, no intentar ser feliz todo el rato y disfrutar de la preparación y la búsqueda de las metas y objetivos.

Estoy completamente de acuerdo con él. El camino para la consecución de nuestras metas es lo que debe reportarnos mayor disfrute, entre otros motivos, porque cuando se hacen las cosas “de mala gana”, puede que el resultado no sea tan positivo como esperábamos. Sin embargo, volcando todo nuestro entusiasmo en la realización de una tarea seguramente consigamos en fin deseado mucho antes y con mejores resultados. Pero por otro lado, si al final no conseguimos el objetivo esperado, al meno habremos disfrutado durante el proceso y por tanto, nos habrá reportado sendos aprendizajes.

No quiero avanzar demasiadas cosas del libro, por si alguien quiere leerlo, sólo una puntualización más, según Punset nos enamoramos por procesos bioquímicos.

Para los científicos mexicanos el amor dura máximo cuatro años, y se caracteriza por ser un "estado demencial temporal" ya que activa sustancias químicas en el cerebro que ocupan todas las neuronas y no se puede sino pensar en el ser amado.

Para Eduardo Punset, sin embargo, la duración del amor está determinada por la necesidad evolutiva, por lo que estima puede llegar a durar entre cinco y siete años, ya que durante mucho tiempo ese fue el período necesario para procrear y criar a un hijo "En nuestros tiempos, esa dedicación parental es mucho más larga, hay más compromisos y los ciclos del amor se alargan", para suerte de muchos.

Como conclusión sobre mi experiencia lectora de “Excusas para no pensar” puedo afirmar que esta obra me ha resulta muy interesante, amena y fácil de leer.  Así mismo me ha descubierto nuevas visiones sobre temas mundanos como el amor, el sexo, el poder, la sociedad y otros muchos más

Si algún seguidor o seguidora de nuestro blog ha leído “Excusas para no pensar” estaría encantada de que comentaseis que os ha parecido el libro y si os ha suscitado algún momento de reflexión.

Os deseo una buena lectura.

sábado, 14 de mayo de 2011

El exceso de optimismo es perjudicial

Ser optimista es un aspecto positivo y necesario para la actividad humana. Obviamente si fuésemos pesimistas no haríamos casi nada en la vida, por ejemplo: no conduciría por si tengo un accidente o no seguiría estudiando por miedo a fracasar. Por tanto está claro que pensar de forma optimista es saludable pero un exceso de optimismo puede acarrear consecuencias muy negativas. Debemos reflexionar sobre como abordar el optimismo de una forma flexible y abierta a posibles adversidades.

Cuantos casos conocemos de gente que piensan que van a conseguir algo y tras no ser así se vienen abajo. Desde mi punto de vista hay que ser capaces de mantener una actitud intermedia entre el optimismo y el pesimismo. Las posturas extremas no son beneficiosas porque tienden a distorsionar la realidad. La cuestión está en ser conscientes de todas las limitaciones y desilusiones que pueden surgir ante una situación y sobrellevarlo con el mayor optimismo. No pensar que todo va a salir bien porque tiene que ser así, sino tomar una actitud más equilibrada: “Voy a hacer todo lo posible para que salga bien, aún así puede haber aspectos que se escapen a mi control y si no sale como yo espero seguiré adelante”.

El exceso de optimismo no siempre es bueno. Además de hacernos parecer demasiado ingenuos, en determinadas circunstancias incluso puede matarnos, como demuestra la paradoja de Stockdale.

El nombre de la paradoja de Stockdale procede del almirante James Stockdale, el prisionero estadounidense de mayor rango de la guerra del Vietnam. Lo mantuvieron cautivo en el “Hanoi Hilton” y lo torturaron repetidamente durante 8 años. El concepto, finalmente, fue popularizado por el escritor Jim Collins en su libro Empresas que sobresalen.

Stockdale explicaba qué clase de prisioneros eran los que más fallecían en Vietnam. Según Stockdale eran los prisioneros más optimistas. Los que no paraban de repetir: tranquilos, saldremos de aquí, ánimo, en Navidad ya estaremos en casa. Entonces llegaban las Navidades, la previsión no se cumplía y pasaba a otra fecha en la que tampoco se cumplía. Y llegaban otras Navidades y así repetidas veces. Entonces el prisionero positivo, se rendía porque descubría que sus previsiones se incumplían sistemáticamente.

La paradoja de Stockdale pone de manifiesto que es tan importante tener fe en sobrevivir como saber acatar con disciplina los hechos más brutales que se avecinen. De lo contrario, demasiado optimismo puede favorecer que nos decepcionemos con frecuencia, entrando en una especie de montaña rusa emocional, de subidas y bajadas demasiado abruptas, levantando esperanzas y asistiendo a su desplome, una y otra vez, hasta que agotamos hasta la última pizca de optimismo.

Así pues, os animo a abordar la positividad de forma más realista, por ejemplo: Pensar que es muy difícil que tu empresa quiebre y por ello vas comprarte un piso que pagarás en 40 años, es una postura demasiado optimista, 20 años después una crisis acaba con tu empresa, tus sueños y te quedas prácticamente en la calle. Sería mejor haber pensado: Ahora me van bien las cosas pero la vida y el mercado económico es impredecible, por ello intentaré amoldarme a un piso más pequeño que pueda pagar fácilmente en 15 o 20 años ya que si perdiese mi empleo no me supone tanta carga económica y si mi empresa sigue dando una gran rentabilidad seguramente lo pague antes de lo que espero.

En consecuencia, lo idóneo sería hacer una reflexión más ajustada de la naturaleza de nuestro optimismo, ya que, lo más adecuado es optar por una postura optimista al tiempo que es flexible y realista.


miércoles, 11 de mayo de 2011

Artículo sobre el pensamiento crítico

Recientemente he leído en Eduteka un artículo que habla sobre el pensamiento crítico. Se titula ¿Por qué pensamiento crítico? y aborda la importancia de enseñar a las personas a tomar decisiones acertadas, lo que además las equipara para mejorar su propio futuro y para convertirse en miembros que contribuyen a la sociedad, en lugar de ser una carga para ella. Ser educado y hacer juicios acertados no garantiza, en absoluto, una vida feliz, virtuosa, o exitosa en términos económicos, pero ciertamente ofrece mayor posibilidad de que esto se logre. Y es definitivamente mejor.

Para completar esta visión podéis visitar este otro artículo donde explica de forma más exaustiva que es el pensamiento crítico y los beneficios que aporta al individuo.

FACIONE, Peter A."Pensamiento Crítico: ¿Qué es y por qué es importante?". Eduteka (www.eduteka.org), 2007.pp. 1-22.

Espero que os resulte tan interesante como a mí.

martes, 10 de mayo de 2011

Ocho reflexiones sobre la actitud ante los problemas


Hola a tod@s, os dejo este vídeo, a mi criterio muy interesante, que nos da algunas ideas sobre como afrontar las situaciones de la vida mediante un pensamiento reflexivo para encontrar las respuestas más coherentes a nuestros problemas.

Estrategias para un pensamiento reflexivo: Pensar en positivo

Para adquirir el hábito de pensar de forma más positiva, podemos seguir los siguientes pasos:
  
1. Tomar el hábito de anotar aquellas situaciones de la vida cotidiana que nos hacen sentir mal, formulándonos las siguientes preguntas:“¿Cuál es la situación concreta que me ha hecho sentir mal?”,“¿Cómo me he sentido/ me siento?”.  

Ejemplo: “Ayer fue mi cumpleaños y mi hermana no me felicitó. Me he sentido triste, con ganas de llorar”
  
2. Plantearnos: “¿Qué conclusiones he sacado de esta situación?”, “¿qué he pensado cuando me ha ocurrido esto, qué imágenes, recuerdos, etc. se han cruzado por mi cabeza?”. Si no puedo responder a esto, también puedo preguntarme: “¿Qué intuyo que puedo haber pensado de esto que me haya hecho sentir mal, aunque no esté del todo segura/o?” o “si le hubiera ocurrido lo mismo a otra persona, ¿qué podría haber pensado él/ella?” Al principio puede no ser fácil responder a esto, pero es una cuestión de práctica. A medida que nos vayamos esforzando por contestar a esas preguntas, las respuestas irán saliendo cada vez de forma más fluida.

Siguiendo el ejemplo anterior, podría ser: “Pienso que mi hermana no me quiere y que nadie me tiene en cuenta”.
  
3. Preguntarnos: “¿Qué mecanismos mentales o formas de pensamiento distorsionado he aplicado?”, “¿de qué forma he deformado, exagerado o minimizado la realidad para llegar a dichas conclusiones?”, “¿qué evidencias –hechos objetivos- tengo de que las cosas son tal como yo las interpreto y no de otra forma?”, “¿Qué no he tenido en cuenta?”

Siguiendo con el ejemplo podría anotar que he aplicado el pensamiento del tipo “todo o nada” (“si mi hermana no me felicita por mi cumpleaños es que no me quiere”); he exagerado mis conclusiones sobregeneralizando (“si mi hermana no me quiere, nadie me quiere”) olvidando, tal vez, las muestras de cariño de otras personas; he recurrido al victimismo (“nadie me tiene en cuenta”) culpando a los demás de mis sentimientos de soledad en lugar de ver qué papel juego yo en todo esto (tal vez, salgo poco, me muestro demasiado retraída/o o susceptible, etc.)
 
4. Preguntarnos: “¿De qué otra forma más positiva podría enfocar la situación?”, “¿podría hacer algo, por pequeño o insignificante que sea, para mejorar la situación o que me hiciera sentir mejor?”, “¿qué le aconsejaría a una amiga/o mía en una situación similar?”.
 
Por ejemplo, podría llamar a mi hermana y decirle que me siento dolida/o por lo ocurrido y que me gustaría que estuviéramos más cercanas la una de la otra. O tal vez se trate simplemente de darme cuenta de que  es un poco olvidadiza y decidir que la cosa no tiene mayor trascendencia y que no vale la pena que me amargue el día por ello, y focalizar mi atención en las otras personas que sí se han acordado de mí y me quieren. O si me siento sola/o, considerar la posibilidad de acercarme yo también más a la gente, de abrirme más a los demás, de buscar maneras para hacer nuevos amigos, etc. En cualquier caso, eso son sólo ejemplos orientativos: cada uno debe hallar, en su propio estilo, aquellas respuestas o alternativas que mejor le funcionen, que le resulten más “creíbles” y que mejor “calcen” con sus necesidades, abriendo eso sí la mente al mayor número de opciones posible.
  
5. Ante situaciones difíciles, evitar preguntas “victimistas” o “debilitantes” del estilo de: “¿Por qué me tiene que pasar esto a mí?” o “¿qué voy a hacer ahora?” o afirmaciones del tipo “esto es insoportable”. En su lugar, plantearnos preguntas que nos den sentimientos de fuerza y esperanza, o que nos indiquen alguna opción alternativa: “¿Qué puedo hacer para resolver esto?”, “¿qué opciones tengo que todavía no he probado?”, “¿qué datos de la realidad podrían contradecir mis conclusiones más pesimistas?”, “¿qué tiene de bueno esta situación?”, “¿qué podría aprender de ella?”, etc.