lunes, 9 de mayo de 2011

¿Cómo distorsionamos la realidad con el pensamiento?

Existen unos mecanismos mentales, unos hábitos de pensar y de sentir, que nos conducen involuntariamente a una interpretación deformada de la realidad, que nos conviene analizar y reflexionar sobre ello. He aquí los más usuales:

Pensamiento del tipo “todo o nada”. Equivale a ver la realidad en “blanco y negro”. Una cosa es correcta o incorrecta, buena o mala, positiva o negativa. No se admiten matices intermedios. Supone rigidez mental. La persona que utiliza con frecuencia este tipo de distorsión, tiende a pasar de la euforia al desánimo con mucha facilidad.

Sobregeneralización: Cuando a partir de un acontecimiento puntual negativo, generalizamos excesivamente. Es decir, exageramos las conclusiones más allá de lo razonable. Es frecuente en este caso el uso de expresiones tales como “todo”, “nunca”, “siempre”, etc. Por ejemplo, se me estropea el coche y me digo: “Todo me sale mal”;  un amigo me defrauda, y pienso: “No se puede confiar en nadie”.

Filtro mental: Cuando escogemos un único detalle negativo de una situación determinada y centramos ahí toda  nuestra atención, de manera que la perspectiva general se oscurece. Por ejemplo, recibo elogios de mis compañeros de trabajo por la presentación de un proyecto nuevo pero uno de ellos manifiesta una ligera crítica. Durante unos días me obsesiono con su reacción, olvidando todo lo positivo que me han dicho los demás.

Descartar lo positivo: Cuando rechazamos las experiencias positivas de alguna cosa insistiendo en que “no cuentan”. Por ejemplo, realizo un buen trabajo en algo pero me autodesvalorizo diciéndome que cualquiera podría haberlo hecho.

Precipitarse en las conclusiones o/y hacer predicciones negativas: Cuando interpretamos las cosas de forma negativa sin que haya suficientes hechos que avalen nuestra conclusión. O bien nos anticipamos al futuro pensando que algo va a salir mal. Por ejemplo, me encuentro con mi amigo Pedro, lo veo muy serio y, sin tener más datos, concluyo que está ofendido conmigo por algo. O tengo que ir a una entrevista de trabajo y antes de salir de casa ya estoy convencido de que saldrá mal.

Lectura del pensamiento. Cuando asumo lo que determinadas personas están pensando o sintiendo, con poca o ninguna evidencia. Por ejemplo, me digo: “Sé exactamente por qué Patricia me contestó ayer de aquella manera”, sin más evidencia que mi “intuición”. O pienso que no hace falta pedirle directamente a mi pareja lo que necesito, en un momento dado, porqué “él/ella ya lo sabe” o “si me quisiera realmente, ya lo sabría”.

Magnificación. Minimización: Cuando exageramos la importancia de un problema, de nuestros defectos o puntos débiles, etc. o bien minimizamos la importancia de nuestras aptitudes y de las cosas buenas que hemos conseguido.
Razonamiento emocional: Cuando utilizamos nuestras emociones como evidencia objetiva de algo o para validar una creencia o pensamiento, sin tener en cuenta otros aspectos de la situación. Por ejemplo, me siento inferior en algo y concluyo que lo soy realmente. O siento pánico de viajar en avión y concluyo que es muy peligroso. 

Pensamientos “debería/ debo/ tengo que...”, etc.: Cuando nos decimos a nosotros mismos que las cosas “deberían” o “deben” ser como nosotros queremos o esperamos que sean. Eso nos lleva fácilmente a sentimientos de culpa y frustración. Por ejemplo: “No tendría que haber cometido este error”, “las cosas tendrían que ser más sencillas”, “Fulano debería ser de tal o cual manera”. Es conveniente substituir los “debería...” por “me gustaría que...”, “estaría muy bien que...”, etc. Por lo que se refiere a obligaciones personales que nos imponemos, en algunos casos nos podríamos plantear si queremos realmente hacerlo o no, y asumir las consecuencias de nuestra decisión, en lugar de machacarnos con los “debería/ tengo que...”. 

Etiquetaje: Cuando hacemos alguna cosa de la que no nos sentimos orgullosos, cometemos alguna equivocación, etc. y en lugar de centrarnos en lo que hemos hecho, nos cuestionamos toda nuestra persona.  O cuando alguien hace alguna cosa que nos molesta y, en lugar de referirnos a la conducta concreta que desaprobamos, generalizamos a toda su persona poniéndole una etiqueta. Por ejemplo, cometo un error en mi trabajo y me digo: “Soy tonto”, en lugar de: “Me he equivocado en tal o cual cosa”. O alguien hace algo que me molesta y le digo: “Eres un estúpido” en lugar de: “Me ha dolido que hicieras...”

Personalización: Cuando asumimos toda la responsabilidad por un hecho que no está o estaba totalmente bajo nuestro control. Por ejemplo, mi pareja se separa de mí y automáticamente pienso que toda la culpa ha sido mía. O mi hijo me trae malas notas de la escuela y, en seguida, pienso que no le sé educar bien.

Indefensión: Cuando nos sentimos víctimas indefensas en lugar de aceptar nuestra parte de responsabilidad en los hechos, o de hacer alguna cosa para mejorar la situación. Es el caso opuesto a la personalización. Por ejemplo, si me quejo constantemente de lo mal que me van las cosas pero no hago nada para cambiar mi “suerte”.

domingo, 8 de mayo de 2011

Todo depende del cristal con el que se mire

La positividad es un aspecto esencial para la felicidad del ser humano. A través del pensamiento reflexivo debemos aprender a sacar el lado positivo de los problemas. Es bien sabido por todos que un mismo problema afecta de forma diferente a cada persona.

Todos hemos oído alguna vez aquello de “ver la botella medio vacía o medio llena”. Siempre podemos enfocar nuestra mente en el lado bueno de la situación en lugar de centrarnos exclusivamente en la parte negativa. Incluso las situaciones más desafortunadas pueden tener su lado positivo. Así, mientras que por ejemplo para algunos un serio contratiempo laboral, familiar o personal puede representar la confirmación de que “todo me sale mal”, “soy un/a perdedor/a”, “mi vida está arruinada”, etc. para otros puede suponer una oportunidad de aprendizaje y de cambio si eligen el enfoque positivo.
En otras palabras, pues, podemos decir que la realidad externa –lo que nos ocurre en la vida- no es determinante de nuestro estado de ánimo y de nuestras emociones ya que, antes, pasa por el filtro mental de nuestra evaluación e interpretación. Lo que ocurre es que, a menudo, este proceso se da de forma automática y tan rápida –puede ser en unas fracciones de segundo- que no nos damos cuenta de que estemos aplicando este filtro interpretativo y creemos, erróneamente, que la realidad es tal como la “vemos” y la sentimos sin que nosotros podamos hacer nada al respecto. Es decir, si algo me pone triste automáticamente creo que “es” triste, si algo me preocupa pienso que “es” preocupante, si algo o alguien me enfurece pienso que es inevitable que me sienta así.
Debemos aprender a cambiar nuestra forma habitual de interpretar la realidad, aquellas actitudes que nos bloquean, nos hacen sentir mal y  nos alejan de aquello que queremos y necesitamos por otra forma más positiva, más favorable a nuestro bienestar y a nuestro crecimiento personal: 

Esto lo conseguiremos en primer lugar analizando cómo distorsionamos o deformamos la realidad y aplicando después estrategias de pensamiento positivo.


jueves, 5 de mayo de 2011

Llamar con el pensamiento: Los móviles un gran aliado tecnológico

¿Hasta donde podemos llegar con el pensamiento?

Yo opino que con la reflexión y el pensamiento positivo podemos superar traumas o curarnos de enfermedades entre otras muchas acciones que se nos escapan a la conciencia pero que tienen su repercusión en nuestro comportamiento. Ahora nuestra mente puede ir más allá. Recientemente  Investigadores en California han creado la manera de hacer una llamada con un celular sólo con el pensamiento.

Aquí os dejo la noticia, es algo muy novedoso sobre todo para personas discapacitadas y con escasa movilidad, puesto que les permitirá realizar llamadas sin apenas mover un músculo.





martes, 3 de mayo de 2011

Artículo sobre el Pensamiento Reflexivo en el Diario de Cuyo


Queridos amig@s, os dejo este interesante artículo que apareció en un diario digital. Explica como lograr el pensamiento reflexivo y fomentarlo mediante la educación . Potenciar el pensamiento reflexivo desde la escuela para formar a alumnos críticos en vez de conformistas y capaces de analizar la veracidad de la información recibida.

El pensar reflexivo es más que acumulación de información. Realizar funciones complejas tales como imaginar, analizar, sintetizar, evaluar y criticar. Eso permite establecer interrelaciones, resolver problemas, construir propuestas innovadoras, descubrir contradicciones y paradojas, inventar, dialogar y sentar criterios que lo lleven a formular principios de acción en contextos variados.